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Plasmando Sueños llevó su edición principal fuera de Nueva York y su público la siguió

La sexta edición del evento que Isveny Pichardo creó en 2020 se celebró en Providence. Llegaron asistentes desde Nueva York, República Dominicana y Canadá para pasar un día trabajando lo que les impide cumplir lo que se proponen.

Unas setenta personas posan con las manos en alto en el salón del evento, muchas con la camiseta azul de Plasmando Sueños, frente a la pantalla del escenario
Los asistentes de la sexta edición, en la foto de grupo.

Hay un momento del día que Isveny Pichardo espera. No es la apertura ni el cierre. Es el silencio que se instala en el salón cuando termina una conferencia profunda.

“Es impresionante ver un salón lleno de personas completamente en calma, algunas llorando, otras escribiendo en sus cuadernos, otras simplemente respirando”, cuenta. En esos minutos, dice, entiende que algo cambió, aunque nadie se lo haya dicho todavía. “Para mí, esos silencios hablan muchísimo”.

El silencio ocurre en Plasmando Sueños, una experiencia de un día que ella creó en Nueva York y que este año celebró su sexta edición en Providence, Rhode Island.

De los mapas de sueños a otra cosa

La idea nació en 2020, junto a la sexóloga Heidy Martínez. Empezó como un evento de vision boards, de mapas de sueños, con la convicción de que visualizar lo que uno quiere es el primer paso para conseguirlo.

Con el tiempo, cuenta Pichardo, esa premisa se le quedó corta. “Muchas personas no necesitaban únicamente definir sus metas, sino trabajar primero aquello que les impedía alcanzarlas”, dice. A partir de ahí el evento incorporó sanación emocional, abundancia y crecimiento personal, y sumó paneles y conferencias.

Ella lo resume en una frase que explica el giro entero. “Antes de plasmar un sueño en un papel, muchas personas necesitaban sanar por dentro”.

Publicista dominicana radicada en Nueva York, Pichardo trabajó años en publicidad, relaciones públicas y producción de eventos. Desde 2022 lidera el proyecto por su cuenta. Hoy dice que diseña la experiencia completa, y que elige cada tema, cada invitado y cada dinámica con una sola pregunta delante. “¿Esto realmente puede ayudar a transformar la vida de alguien?”.

Por qué esta vez no fue en Nueva York

Plasmando Sueños ya había viajado antes. Hubo ediciones en Boston y en República Dominicana. Pero la primera del año, la principal, siempre se había hecho en Nueva York.

Esta vez no, y la decisión fue deliberada. “Decidí salir de casa con una intención muy clara”, dice. “Invitar a las personas a dar un primer paso fuera de su zona de confort”. La idea era que el traslado mismo fuera el comienzo del proceso, porque, según ella, el crecimiento suele empezar cuando alguien se atreve a moverse.

Funcionó como argumento y como convocatoria. Llegaron asistentes desde distintas ciudades de Nueva York, desde República Dominicana y desde Canadá. Algunos manejaron durante horas. Otros compraron un vuelo. “Cuando un propósito conecta de verdad con las personas, las distancias dejan de ser un obstáculo”, dice.

Lo que se siente al entrar

Pichardo describe el salón como un lugar deliberadamente construido para que nadie se sienta examinado. Música que invita a conectar, colores cálidos, espacios preparados con antelación.

“No se siente como un evento masivo”, dice. “Se siente como una comunidad donde nadie tiene que aparentar que todo está bien”. La gente conversa, se abraza y ríe, y también llora cuando lo necesita.

La reacción que más le repiten al final del día tiene una forma parecida. Que llegaron pensando que iban a una conferencia y terminaron teniendo una conversación pendiente consigo mismos desde hacía años.

La resistencia está en el salón, no detrás del escenario

Preguntada por lo que estuvo cerca de salir mal, Pichardo no habla de logística, aunque admite que la hubo. Habla del público.

“Hay instantes en los que se siente la resistencia de algunos participantes a abrirse, a enfrentar sus emociones o a soltar aquello que han cargado durante años”, cuenta. Y entonces, dice, basta una conversación, una dinámica o un testimonio para que el ambiente cambie de golpe.

Es la tensión propia de un formato que le pide algo al asistente. Una conferencia se puede escuchar con los brazos cruzados. Esto, según lo que ella describe, no.

El día ocupa casi entero y aun así se le queda corto. Al terminar, cuenta, la gente se queda conversando, abrazándose, sin querer irse.

Dejó de contar sillas

Las cifras que da son parciales y ella misma explica por qué. Todas las ediciones se han agotado, con asistencias que superan las cien y las ciento cincuenta personas. La primera edición dominicana reunió a unas 125 personas en Los Alcarrizos, la comunidad donde creció, y fue gratuita gracias al respaldo de la Alcaldía, para que nadie se quedara fuera por dinero.

Pero hace tiempo dejó de medir así. “Hoy prefiero medirlo por las vidas que hemos logrado tocar”, dice, y cuenta que han sido cientos las personas que escriben después para decir que tomaron una decisión, sanaron una relación o empezaron algo.

Sobre lo que lo separa de otros eventos parecidos, su respuesta es que no vende la idea de que la motivación baste. “Buscamos que la gente salga con herramientas para seguir trabajando en sí misma cuando llegue a su casa”.

Lo que sigue

Pichardo dice que Plasmando Sueños dejó de ser un evento hace tiempo. Mantiene contacto con los asistentes durante todo el año y describe lo que hay alrededor como una comunidad.

Hay una frase que, según cuenta, se repite entre quienes vuelven edición tras edición. Que su año no empieza hasta que no viven Plasmando Sueños.

Prepara nuevas ediciones en más ciudades y trabaja en su podcast, Conversaciones con Propósito.

Su resumen de lo que deja el evento cabe en una línea. “Que los sueños empiezan a cumplirse cuando primero tienes el valor de transformarte por dentro”.

Axia no asistió a esta edición. La reconstrucción del ambiente y de lo ocurrido procede del testimonio de su organizadora.

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