Tiffany Piña preparaba impuestos en su sala y hoy enseña a otros a montar el negocio
Llegó a los impuestos buscando un horario que le permitiera estar con su hijo. Se independizó en 2018, atendiendo en línea cuando sus clientes todavía querían venir en persona, y hoy forma a otros preparadores para que no empiecen solos como empezó ella.

Tiffany Piña no llegó a los impuestos por vocación. Llegó por su hijo. “Cuando tuve a mi primer hijo, me dolía muchísimo tener que dejarlo en el daycare para ir a trabajar y no poder estar presente como yo quería”, cuenta. Buscaba una profesión que le diera un horario propio. “Así, casi sin planearlo, llegué a la industria de taxes… y me enamoré”.
Empezó en 2013. Antes de tener negocio propio pasó por tres lugares de trabajo, y dice que en los tres trabajó como si fueran suyos. En 2018 se independizó, y ese mismo año sacó también una licencia de seguros de vida, porque entiende los impuestos como el primer paso de algo más largo: que sus clientes protejan su futuro y el de su familia.
Una sala llena de gente
El primer año lo trabajó desde casa y en línea, sin local. Sus clientes no estaban acostumbrados a eso. “Querían venir en persona”, recuerda. “Mi sala se llenaba de gente, pero no podía decirles que no”. Algunos se animaron a probar la atención a distancia y se quedaron con ella: no perdían un día de trabajo ni esperaban horas para que los atendieran.
Trabajaba sola, sin empleados y sin sistemas, y además de impuestos llevaba contabilidad y nómina. Empezó con sus ahorros, entre 2.000 y 5.000 dólares según cuenta, para el software, las herramientas, la publicidad y una laptop.
Las cuentas de esos primeros tres meses son suyas: unos 40.000 dólares de ingresos atendiendo a cerca de cien clientes. Lo primero que sintió, dice, fue frustración, porque le pareció poco. Después hizo la comparación con lo que hacía antes, cuando atendía a sesenta personas al día en una oficina convencional. “Eso fue el click. Entendí que estaba en el camino correcto”.

El autoempleo
El cambio de fondo vino más tarde, y lo cuenta como algo que tuvo que entender sobre sí misma. “Yo no había construido un negocio, había creado un autoempleo. Sí, era rentable, pero también me estaba drenando”.
No venía de una familia de empresarios. “No tuve un mapa que me enseñara cómo construir un negocio. Lo fui aprendiendo mientras criaba a mis dos hijos y construía mi compañía desde cero”. Cometió errores, dice, porque no tenía a quién preguntar. Y tuvo que desaprender una idea muy extendida entre quienes emprenden solos: que hay que hacerlo todo uno mismo y que pedir ayuda es admitir que no se puede.
Cuando lo entendió empezó a construir sistemas, procesos y un equipo, y a invertir en formarse para dirigir una empresa y no solo ejercer un oficio. Hoy ofrece preparación de impuestos, contabilidad y nómina, seguros de vida y formación para quienes quieren dedicarse a esto.
Formar a la competencia
Ese último punto es el que más le importa. Durante los últimos tres años ha enseñado a personas que quieren entrar al negocio de los impuestos, y de esa experiencia sacó una conclusión: “Tomar un curso y aprender teoría no significa necesariamente construir un negocio”.
Por eso creó Más Allá del Reembolso, una comunidad donde los preparadores que empiezan aprenden sobre impuestos, estructura y regulación, pero también a vender, conseguir clientes, usar inteligencia artificial, anunciarse y armar un equipo. “Antes, muchos emprendían, pero sentían que no tenían dónde preguntar si algo estaba bien o mal”, dice. “No quiero crear solamente preparadores de impuestos. Quiero ayudar a crear profesionales de impuestos”.
Para quien esté pensando en ese camino conviene saber un dato de partida: cualquier persona que cobre por preparar una declaración federal necesita un número de identificación de preparador del IRS, el PTIN, que se renueva cada año.
Sus clientes llegan sobre todo por recomendación, entre el 60 y el 70 por ciento según sus cuentas, y el resto por Instagram, Google y otros negocios que se los envían. El cliente típico lo describe así: padres y madres de familia y trabajadores independientes que quieren empezar un negocio y no saben qué estructura les conviene. “Mi trabajo no es solo hacer sus impuestos. Es educarlos”.
Lo que más le cuesta
Lo que más le cuesta, dice, es la urgencia. Mucha gente vive de cheque en cheque porque cree que es lo normal, y pospone las decisiones. “Piensan: bueno, mañana empiezo. No. Si tienes salud, si tienes oportunidad, es ahora”.
También le cuesta encontrar a gente que entienda que emprender no es un trabajo de nueve a cinco, y convencer a sus colegas de que se ayuden en vez de competir. “Todos necesitamos el negocio del otro”, dice. La frase con la que quiere que la recuerden es más corta: “No tienes que conformarte con la vida que te tocó”.


