Aroma Cafetero empezó en un garaje de Linden con un contenedor de café colombiano
Cuatro socios, el capital que tenía cada uno y el primer contenedor descargado en casa. Gloria López cuenta por qué tuvieron que cambiar el rumbo para que el negocio fuera rentable, y lo que le costó dejar de querer controlarlo todo.

Gloria López nació en el eje cafetero de Colombia, la región de montaña donde el café es paisaje, oficio y conversación de sobremesa. “Crecí rodeada de esta cultura y siempre he tenido una conexión especial con el café”, dice. Cuando tuvo la oportunidad de convertir esa conexión en un negocio en Estados Unidos, junto a su esposo, la decisión sobre qué vender estaba tomada antes de empezar: “un café que nos representara, un café de alta calidad, pero accesible a todas las personas”.
Ese negocio es Aroma Cafetero, y abrió en junio de 2023 en Linden, Nueva Jersey. No tenía local. Tenía cuatro socios, el capital que cada uno pudo poner y un garaje.
Un contenedor en el garaje
El primer contenedor de café se descargó en el garaje de la casa. Desde ahí empezaron a operar. De los cuatro socios, solo dos vivían en Estados Unidos, y entre los dos lo hacían todo. “Realizamos todos los roles, como por ejemplo venta, entrega, facturación”, cuenta.
Lo que traen es lo que en Colombia se llama café excelso, el grano que se selecciona para exportar. Lo venden tostado y también verde, para quienes tuestan su propio café aquí. Dan servicio en cualquier lugar de Estados Unidos.

Darse cuenta a tiempo
Cuando se le pregunta por lo mejor que le ha pasado al negocio en estos dos años, no habla de un contrato ni de una cifra. Habla de un error que vieron a tiempo.
“Lo mejor que nos ha pasado ha sido darnos cuenta de que el enfoque que le habíamos dado al negocio al principio no era ni el más productivo ni el más rentable”, dice. Tuvieron que cambiar de dirección. “Muchas veces, cuando comenzamos un proyecto, no sabemos a ciencia cierta a qué retos nos enfrentamos. La verdad es que solo lo sabemos durante el camino, y es ahí donde suena la alarma que nos indica que es necesario cambiar la dirección”.
Hoy la mayoría de sus clientes llegan recomendados por otros clientes, algo que ella lee como la mejor prueba de que el producto cumple. Otros llegan por alianzas, entre las que menciona la Cámara de Comercio Hispana de Nueva Jersey y sus propios proveedores, y otra parte por redes sociales.
El precio y la calidad
Su problema principal es el de cualquier marca nueva en un mercado lleno de marcas viejas. “Nuestro reto es convertir el interés que existe por nuestro café en relaciones comerciales sostenibles y recurrentes”, explica.
El segundo es el precio. Compiten con marcas muy conocidas que venden más barato. “Muchas veces el consumidor se enfoca primero en el precio y no necesariamente en la calidad del café. Para nosotros, sin embargo, la calidad no es negociable”. Su apuesta es educar al cliente: convencerlo de que un buen café “no es simplemente un producto más caro, sino una experiencia”.
La respuesta más reciente a ese problema cabe en un bolsillo. Son los Drips Coffee, un formato individual que se prepara sin cafetera. “Es prácticamente llevar una taza de café colombiano contigo”, dice. “Lo puedes llevar al trabajo, de viaje, a una reunión, donde quieras”.

Para ella el producto dice algo de la empresa. “Tenemos nuestras raíces y nuestra calidad, pero también entendemos que el consumidor cambia y que tenemos que encontrar nuevas maneras de llevarle nuestro café. Los Drips representan justamente eso: mantener nuestra esencia, pero atrevernos a evolucionar”.
Soltar el resultado
Gloria López habla del negocio con la precisión de quien lleva las ventas, pero lo que más le interesa contar es otra cosa. Emprender, dice, le cambió la forma de estar en el mundo.
“Durante mucho tiempo pensé que tenía que controlar el resultado, que tenía que saber hacia dónde iba y que todo tenía que suceder de determinada manera”, cuenta. Lo que aprendió fue lo contrario: hacer su parte, entregar lo mejor que tiene y después soltar el resultado. “Hoy trato de disfrutar mucho más el proceso, porque entendí que la vida no es solo llegar a la meta. Está en quien te conviertes mientras llegas”.
Cuando se le pregunta en quién tuvo que convertirse para llegar hasta aquí, la respuesta es una lista de despedidas. “Tuve que dejar versiones de mí. La mujer que tenía miedo, que buscaba aprobación y la que quería tener todo bajo control”. Y lo que la sostuvo en ese cambio, dice, fue su fe. Lo resume en una frase que repite: “Con Dios todo, sin Él nada”.


