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Opinión

El trámite que nadie explica también es un mercado

Casi uno de cada cinco residentes del corredor nació en otro país. La distancia entre cómo funciona el sistema y lo que sabe quien llega es real, se puede medir y, para muchos negocios, es el punto de partida.

Vista desde arriba de una persona sentada en el suelo, rodeada de facturas y formularios, con un portátil
Imagen ilustrativa.Foto: Magnific

Quien llega a vivir al corredor entre Nueva York, Nueva Jersey, Pensilvania y Connecticut aprende pronto que aquí casi todo pasa por un papel. Un contrato de alquiler con cláusulas que nadie lee en voz alta. Una cuenta de banco que pide un historial que todavía no existe. Una declaración de impuestos con formularios que cambian según la situación de cada uno. Una licencia que exige un curso, un seguro y una inspección, en ese orden y no en otro.

Nada de eso viene con instrucciones. Y no le pasa a unos pocos: en los cuatro estados viven 8,67 millones de personas nacidas en el extranjero, casi una de cada cinco. En el área metropolitana de Nueva York son el 30,8 % de los residentes.

Un hueco que deja rastro

La distancia entre cómo funciona el sistema y lo que sabe quien acaba de llegar no es una impresión. Se ve en las cifras.

Entre los inmigrantes del área metropolitana mayores de cinco años, el 47,4 % habla inglés menos que “muy bien”. Entre los nacidos en Estados Unidos, el 4,5 %. En todo el país, el 14,3 % de los hogares de inmigrantes sin ciudadanía no tiene cuenta bancaria, frente al 3,5 % de los hogares de nacidos aquí. Y en el área metropolitana, el 43,4 % de los hogares encabezados por un inmigrante es dueño de su vivienda, contra el 55,7 % de los hogares de nacidos en el país.

Ninguna de esas brechas se explica solo por el idioma o por el ingreso. Pero detrás de todas hay un procedimiento que alguien tuvo que entender sin que nadie se lo explicara. Cuando un estudio federal preguntó a propietarios con problemas para pagar su hipoteca por qué no pedían ayuda, el 41 % de quienes tienen un inglés limitado respondió que hacerlo era “demasiado complicado”. Entre el resto, el 23 %.

Quién lo está cerrando

El sistema no ha cerrado ese hueco. Lo están cerrando personas.

El patrón se repite en el corredor con una regularidad que llama la atención. Alguien choca con un trámite, pierde dinero o tiempo, aprende a fuerza de errores cómo funciona, y un día descubre que lo que sabe es justo lo que otros necesitan. Así nacen asesorías que explican una hipoteca antes de que se firme, oficinas de impuestos que atienden en el idioma del cliente, academias que enseñan un oficio y también cómo se factura, cómo se asegura y cómo se gana un contrato.

No es un fenómeno marginal. En el área metropolitana de Nueva York, el 37,5 % de los dueños de empresas con empleados nació fuera de Estados Unidos, el doble del promedio nacional. Entre los trabajadores inmigrantes del área, el 7,0 % tiene un negocio propio, frente al 4,7 % de los nacidos en el país. En la ciudad de Nueva York, casi la mitad de quienes trabajan por cuenta propia nació en el extranjero, y la Oficina del Contralor del Estado señala como sus obstáculos los mismos que enfrentan sus clientes: el idioma, la formación financiera y una regulación difícil de recorrer.

Dónde está la oportunidad

Para un negocio del corredor, ese hueco es también un mercado. Hay tres maneras de leerlo.

La primera es mirar la propia historia como un activo. Lo que a alguien le costó años aprender es exactamente lo que otro está dispuesto a pagar por no tener que aprenderlo solo. Muchos negocios tienen ese conocimiento y lo regalan en conversaciones de pasillo, sin ver que ahí está su producto.

La segunda es salir de la comunidad de origen. El trámite es el mismo para quien llega de Bogotá, de Seúl, de Lagos o de Santo Domingo. Quien sabe explicarlo en un idioma puede aprender a explicarlo en dos, o asociarse con quien lo explique en otro. El corredor es un solo mercado que todavía funciona como un archipiélago.

La tercera es pasar de resolver casos a formar gente. Un negocio que resuelve trámites crece al ritmo de las horas de su dueño. Uno que enseña a otros a resolverlos crece al ritmo de sus alumnos. Esa es la distancia entre un oficio y una empresa.

Lo que exige

El mismo hueco atrae a quien no viene a cerrarlo, sino a aprovecharlo. En la temporada de impuestos de 2024, los inspectores de la ciudad de Nueva York pusieron 84 infracciones a preparadores pagados, cuyas tarifas promediaron más de 300 dólares. Y la dependencia de intermediarios es alta: en Nueva Jersey, el 65,5 % de las declaraciones de impuestos lleva la firma de un preparador pagado; en Nueva York, el 64,4 %; en el promedio del país, el 52,9 %.

En este mercado, la confianza es lo que se vende. Las licencias al día, las tarifas claras y la honestidad de decir “esto no lo hago yo, búscalo aquí” separan a quien cierra el hueco de quien lo agranda.

El que viene detrás

Cada semana llega al corredor alguien que todavía no sabe lo que otros tuvieron que descubrir solos, y va a buscar a una persona que ya pasó por ahí. Para los negocios, la pregunta no es si ese mercado existe. Es quién va a estar preparado para atenderlo bien.

Este mes contamos varias historias que nacieron así.

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